La historia de Ariel Baldoví, Gareka de Villa El Totoral
Soy Ariel Baldoví, un totoralence nacido en Cruz del Eje, pero mi vida transcurrió en la perla del norte desde 1983, junto con la democracia llegué a este hermoso pueblo que hoy es ciudad y con el cual me identifico. Desde muy temprana edad me gustó la lectura, siempre fuí un alumno destacado, logrando atrapar a toda el aula con mis lecturas recurrentes y disparatadas que llevaba al colegio. Nunca me faltaron los libros, recuerdo que con mi viejo caminábamos todo el centro de la capital cordobesa hasta conseguir el que pedían en mi escuela. Gracias Padre, siempre recuerdo esos momentos, esas librerías, jugueterías, y un mundo de hermosos recuerdos. A pesar de ser el niño más humilde el libro siempre estuvo en mis manos. Ser hijo de albañil en una sociedad pequeña y hostil, hizo que mi adolescencia fuese un traspié tras otro sin tener oportunidades. La rebeldía de esos años no daba para más y entre revistas, posters de Nirvana, discos, casetes y Cd se fue extraviando y quedando al margen sin posibilidades, deambulé en la calle con la mirada perdida, con el dolor y sufrimiento de la condena social y el rumor de los que miraban hacia otro lado. logré integrarme, siempre me destaque, desde niño brille en el fútbol y comencé a escribir mis primeros poemas en servilletas de bares que frecuentaba hasta muy tarde. siempre con la convicción de seguir en esa lucha. Más tarde y de tanto andar en un pueblo, remendando ilusiones, buscando el camino hacia un futuro próspero y sin progresar, continuaba enredado en telarañas de indecisiones, que día a día creaban solo incertidumbre. Un día todo cambió y fué un giro de noventa grados. Estaba en mi tarea diaria de todos los días limpiando los autos en la estación de mi pueblo, cuando un hombre rubio como Kurt Cobain se me apareció y me preguntó sino era músico. Era Kike Bogni. Con el tiempo fuimos conociéndonos y le conté de mi vocación por la escritura. La historia que continua son siete libros, escritos, miles y miles de libros vendidos en la calle, en ferias y eventos en los cuales participe. Hoy no he bajado los brazos y continuo publicando como puedo mis escritos, siempre con la certeza de cumplir mi legado y aprendí que la mano desinteresada y la lucha por hacer lo que uno le gusta tuvo sus frutos. Soy un agradecido y voy por mucho más.



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